Recientemente cerramos un encuentro que nos llevó a algo esencial: volver a la Palabra desde la vida real de nuestras comunidades. No desde teorías, sino desde lo que cada pueblo vive, sufre y celebra.
Desde la espiritualidad de los pueblos originarios, pasando por los análisis de realidad y los momentos de oración, hasta las mesas de diálogo sobre Biblia, mujer, juventud, territorio e interculturalidad, esta actividad nos recordó algo esencial:
La hermenéutica bíblica —leer la Biblia desde distintas miradas, culturas y experiencias— es un acto de justicia, de escucha y de fe encarnada.
Cuando cada pueblo puede leer la Palabra desde su historia, su identidad y sus luchas, entonces la Biblia vuelve a ser ese libro vivo que acompaña, consuela y transforma.
Agradecemos a todas las parroquias y participantes que trajeron cantos, símbolos, dramatizaciones y signos propios de sus comunidades. Cada gesto hizo evidente que la fe es plural, dialogante y profundamente territorial.
La Palabra celebrada, interpretada y compartida desde múltiples voces nos invita a un compromiso pastoral más cercano a los pueblos y más fiel al Evangelio.
