Centro bíblico claretiano "Para que tengan vida". San José, Costa Rica.
Expositor: Jhon Fredy Mayor, colombiano
Iniciamos el taller del día de hoy orando y cantando “El profeta”. Así comenzamos el tema de hoy de Memoria, poder y esperanza: una lectura contextual del profetismo de Israel. El expositor Jhon Fredy Mayor comentaba cómo hoy en día es difícil la memoria por la inmediatez y viralidad con que vivimos. Así que, por ello, ya hablar de memoria se nos puede poner complejo, aunque es un tema importantísimo en diversos ámbitos.
En cuanto a los profetas, estos les recuerdan a los reyes que deben seguir la ley. Y vemos que Dios está atento a la historia y el profeta es signo de esto. Jhon además comparaba esas realidades de hace tantos siglos con las que vivimos actualmente, por ejemplo, las masacres de El Amparo y El Salado en Colombia con las que se buscaba desplazar a la gente y que los terratenientes ocuparan esos espacios. Por tanto, los profetas de nuestro tiempo son los periodistas.
Luego de esta introducción, Jhon plantea el tema en 3 momentos.
El primer momento es la “Monarquía, profecía y crítica al poder”. Leímos 1 Samuel 8,1-22. Vemos que Samuel decide heredar el puesto de jueces de Israel a sus hijos y esto no es del agrado del pueblo. Estas personas del pueblo de Israel han pasado de una experiencia individual de cuando eran esclavos en medio de faraones y pirámides en un contexto de busca del poder, a un camino de consciencia interior en el desierto durante 40 años en medio de un sistema tribal. Este camino era necesario para una humanidad nueva y poder llegar a un nuevo modelo comunitario según el “Ubuntu”. Si ellos y ellas no hubieran pasado por este desierto, hubieran repetido aquel sistema de Egipto. Después de que se llega al sistema comunitario, llegan figuras que querían acumular el poder como Samuel, según queda evidenciado en la lectura de primera de Samuel. Entonces, a los 3 siglos caen nuevamente en la figura piramidal y en la monarquía. El pueblo de Israel sabe lo que implica tener un rey, pero ellos lo asumen o lo prefieren antes de seguir con jueces con los que no coincidían en aspectos como no querer figuras hereditarias que deterioran la figura del juez. Además, otros clanes se estaban haciendo más fuertes y lo “bueno” del rey es que era una figura con la que se podía negociar o engañar, a diferencia de Dios. Así que este inicio de la monarquía es volver a la mentalidad faraónica y con ella decae la familia, la vida entre hermanos, ocurre industrialización del campo (viendo la tierra solo para comerciar), de irrespetan las leyes tribales y se vuelve al baalismo (con dioses personales). Después viene Elías quien denuncia el camino equivocado del rey y revela el rostro amoroso de Dios al pueblo. Es decir, es un profeta que asume la defensa de la religión y de los pequeños.
El segundo momento son los “Profetas de Israel del siglo VIII”. En este entonces se cambia la mirada de los profetas como servidores de los reyes a un profeta que es un hombre de Dios al servicio del pueblo, libre de las monarquías. Este tiene consciencia crítica, emite juicios, tiene acciones éticas y hace responsable al rey de la estabilidad del pueblo. Jhon compartió algunos puntos relevantes de los profetas de ese siglo. Amós tenía una perspectiva campesina y él desmiente la teología de corona (que consideraba que Dios siempre estaba con el rey), denuncia prácticas antiéticas, declara la riqueza como falsa y maligna (cuando queda para unos pocos), anuncia un castigo divino y presenta visiones (vemos que los profetas evalúan y conocen la realidad). Oseas tiene un contexto más urbano. Él expresa que el pueblo se ha alejado de Dios, desenmascara la práctica religiosa de Israel, incrementa la crítica previamente hecha por Amós e insiste en que Dios quiere salvar a Israel pero que ellos no quieren convertirse. Isaías probablemente era un diplomático que subraya las injusticias de los gobernantes al pueblo y del pueblo al pueblo mismo. Además, él denuncia una falsa seguridad religiosa de cumplimiento. Miqueas se proclama contra los latifundios y denuncia la teología de la prosperidad (que consideraba que mientras más rica una persona, más bendecida era). Si la comida que produce la tierra no llega a quienes la necesitan, entonces es opresión.
El tercer momento “Del profetismo del AT al de Jesús: una herencia para la Iglesia de hoy”. Jesús es reconocido como profeta: es compasivo, recupera la dignidad de los últimos, habla del perdón de Dios hacia nosotros y entre nosotros y enfrenta al sistema religioso. Jesús crea una comunidad, pero es el Espíritu quien la hace llamarse Iglesia. Él no definió una estructura vertical jerárquica y apostólica. Jesús no lo sabía todo, la Iglesia es resultado de la acción trinitaria. La Iglesia preconciliar tenía mucho miedo al cambio, por tanto, presentaba una postura estática y conservadora. Sin embargo, si reconocemos que Jesús recibe la herencia profética del AT y se la entrega a la Iglesia, sabemos que entonces la Iglesia tiene un doble rol: el profético y el de caridad. Y con ello el culto y la política deben expresar un compromiso ético con acciones, preocupado por las personas y la creación. Además, debe haber autenticidad y fidelidad a Dios, promoviendo la defensa de la vida y la injusticia, sin idolatrías. Por esto debemos apostar, exigir y denunciar la incoherencia.
Terminamos agradeciendo a Jhon y comentando cómo nos habíamos sentido identificadas con muchas de las realidades que socialmente viven nuestros países de América Latina y cómo debemos seguir trabajando en la construcción del Reino.
