El Profetismo de las mujeres | Centro bíblico claretiano “Para que tengan vida” San José, Costa Rica

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El Profetismo de las mujeres

Entre la memoria y el silencio: Una mirada teológica a las voces de las mujeres profetisas de la Biblia en la Iglesia actual

En el marco del Mes de la Biblia, hicimos memoria de San Jerónimo quien con la ayuda de varias mujeres estudiosas (Santa Marcela, Santa Paula y Eustoquia) tradujo la Biblia al latín, conocida como la Vulgata. Con ese fin, el pasado miércoles 9 de setiembre, la biblista boliviana, Elizabeth Gareca, teóloga feminista, quien realizó sus estudios teológicos en la Universidad Nacional de Costa Rica desarrolló su presentación sobre el tema del Profetismo de las Mujeres.

Agradeció la invitación e inició mencionando que se basará específicamente en dos profetisas para contrastarlas y analizar cómo se construye la memoria, con el fin de definir a quién queremos recordar bien y a quién ensuciar en su misión, todo mediante la técnica de la danza hermenéutica que ayuda a profundizar la Palabra y al final hará un enlace con un artículo del documento de la Sinodalidad que compete a las mujeres y a la participación eclesial a la que estamos llamadas desde nuestro Bautismo.

Se refirió a cómo se construye la memoria bíblica que simboliza un campo de disputas, donde se recuerdan unas voces con nombres y detalles, mientras otras casi desaparecen, no tienen nombre ni voz propia. Recordó que cada profeta o profetisa tiene una vocación y una misión e indicó las características: la vocación o llamado de Dios es gratuita, no se conquista, se recibe; es personal y comunitaria, es decir Dios llama a una persona para el bien del pueblo, e incluye resistencia porque la persona suele objetar, pero Dios va confirmando esa misión en el camino y le da las herramientas de sabiduría para su realización. Los profetas anuncian la salvación y el Reino, pero también denuncian el pecado, la injusticia, la exclusión y son llamados a dar esperanza y consuelo en momentos clave en las caídas del pueblo.

Hay voces preservadas como Miriam, Débora, Julda, Ana y muchas otras más, quienes poseen nombre, linaje o tribu, un contexto narrativo y mensajes explícitos para una comunidad concreta que fueron integrados activamente en el canon y en la liturgia oficial de la comunidad de fe que actualmente tenemos. Sin embargo, otras apenas son mencionadas de pasada como: Noadías, las profetisas de Ezequiel 13, las cuatro hijas de Felipe en el texto de Hechos de los Apóstoles, las cuales no tienen nombre, no se conoce su misión ni vocación, son presencias invisibilizadas, reducidas a pocas menciones, de ahí la importancia de sospechar para conocer quiénes eran, ya que siempre hay un conflicto político que encuadra a un opositor a estas voces.

Las dos profetisas de las que hablará son: Ana del campo de las preservadas, muy visible, con palabra propia, es la única mujer llamada profetisa y nombrada en el Segundo Testamento durante la presentación de Jesús en el templo, quien alaba y anuncia la liberación de Jerusalén (Lc 2, 36-38). Encarna la fe constante que sostiene al pueblo. Hay cuatro versículos que hablan de ella. Por otra parte, Noadías es apenas mencionada en el libro de Nehemías (6,14), ella encarna una resistencia silenciada. A pesar de que la nombra profetisa está dentro del grupo que busca atemorizarle para que retroceda con la reconstrucción del templo de Jerusalén por parte del Imperio Persa. Noadías probablemente estaba representando algo que Nehemías no menciona, ya que ella es la voz de las familias afectadas por las reformas sociales y excluyentes. Para Nehemías Noadías quería sembrar miedo y división.

Desde un análisis comparativo, la vocación de Ana es orar y proclamar en el templo, mientras que Noadías está llamada a hablar en la calle, frente al muro que se está construyendo. En cuanto a la misión, la de Ana es anunciar al Mesías a quienes lo esperaban; de Noadìas no se conoce su denuncia específica ni a quiénes defendía. La memoria de Ana está integrada en el relato lucano, tiene una visión positiva, por eso se menciona con nombre y de qué tribu era, en el caso de Naodías es silenciada y está catalogada como una adversaria; al parecer su oposición es política por estar defendiendo a las familias judías afectadas por las reformas de Nehemías (divorcios forzados, exclusión de las mujeres extranjeras, ya que supuestamente querían purificar la raza) Neh 13,23.

Según la danza hermenéutica la memoria bíblica no es neutra, no hace justicia porque es política, por eso la importancia de preguntarse ¿qué hay detrás del relato? ¿cómo se manejan los hilos del poder? En otras palabras, se puede afirmar que los textos bíblicos construyen realidad (lo que está sucediendo es por x motivos) para luego hacer una interpretación política de los hechos y sacar lo bueno para la vida digna. No es lo que está pasando sino cómo lo recordamos para contarlo. Nehemías redacta desde el poder imperial persa y todo lo que se le oponía a esos intereses, seguramente le hacían sombra. Por el contrario, Lucas escribe desde una comunidad que valora el testimonio de las mujeres.

Seguidamente y de manera creativa, se formaron 4 grupos: dos, para trabajar el texto de Lucas 2,36-38 para el caso de Ana y los otros dos para analizar Neh 6,14 a fin de releer a Noadías. Luego se hizo una plenaria donde cada representante de grupo dramatizó si se sentía Ana o Noadías en el hoy, haciendo volar la imaginación.

Para finalizar se procedió con la lectura del documento sobre la Sinodalidad (párrafo 60) como un llamado al reconocimiento pleno de la vocación y liderazgo de las mujeres en el pueblo de Dios o en la Iglesia de hoy. Al respecto y a pesar de que las mujeres están formando parte de los espacios donde se toman decisiones, todavía falta mucho camino para una igualdad real y nos corresponde a las mujeres conocerlo, demandarlo y socializarlo en nuestras parroquias. Dentro de las claves del mencionado documento, se habla de la dignidad bautismal para hombres y mujeres que compartimos una articulación de igualdad fundamental en la misma misión eclesial por gracia del Bautismo; hay un liderazgo abierto, es decir no existen impedimentos teológicos para que las mujeres ejerzan funciones directivas y toma de decisiones en la Iglesia; el leguaje y la memoria, urge actualizar leccionarios litúrgicos de catequesis para devolver la visibilidad a las teólogas, místicas y santas mujeres bíblicas de toda la historia, para no quedar atrapadas en narrativas solo de varones. Por otro lado y para que exista corresponsabilidad en la Iglesia, tanto hombres como mujeres podemos compartir el liderazgo; debemos complementarnos mediante el reconocimiento y valoración de las diferencias de género; ayudarnos mutuamente en todas las pastorales que conforman la Iglesia; debe haber una participación activa, en la actualidad la mayoría de parroquias están conformadas por mujeres en la base, no así en la cúspide y contribuir en la toma de decisiones importantes que se hagan dentro de las convocatorias eclesiales.

¿Qué aprendemos hoy de Noadías y Ana? La sinodalidad no solo consiste en hablar y caminar juntos, sino en crear comunidades donde todas las voces puedan ser discernidas y acogidas. Noadías nos recuerda las situaciones para ser incómodas en el poder. Representa a las mujeres cuyas voces cuestionan la inercia de la Iglesia, denunciando injusticias en las calles y periferias; cuyas propuestas suelen ser tildadas de incómodas y cuyos aportes apenas quedan asentados en actas eclesiales. Ana muestra la fecundidad de una comunidad que reconoce la espiritualidad de una mujer al estar con Jesús porque sintió que era un momento de liberación. Representa a las mujeres que sostienen cotidianamente la fe comunitaria, anuncian la esperanza en la vida parroquial, acompañan los procesos pastorales y transmiten la experiencia de Dios en la sombra y la constancia.

Una probable ruta pastoral para una inclusión y pluralidad de voces más justa y democrática sería mediante: el diálogo franco para visibilizar todos los liderazgos de varones y mujeres; la escucha con una atención profunda y honesta a las experiencias de las mujeres; la incidencia para integrar efectivamente a las mujeres en los consejos y toma de decisiones y la evaluación de este proceso con el fin de ajustar el lenguaje en las estructuras parroquiales de poder.

Como conclusión dejó una pregunta de tarea para reflexionar: ¿Cómo podemos transformar nuestras comunidades locales para escuchar con justicia la voz profética de todas las mujeres y sanar los silencios de la historia? De igual forma hizo énfasis en la necesidad de releer los textos para mirar a las mujeres bíblicas porque siempre nos traen algunas cosas, así como estudiar el documento del Sínodo y demandar espacios, aunque incomodemos. La fuerza de ser profetisa hoy, implica también cierta incomodidad, con el fin de mejorar nuestras parroquias y fortalecer nuestra fe.

 

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Red Bíblica Claretiana de la conferencia interprovincial de los Misioneros Claretianos de América (MICLA), nacida en Quito, Ecuador en el año 2010.

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