FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR – CICLO A
Mateo 3, 13-17
“Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada, una paz desarmante, humilde y perseverante, que proviene de Dios, de Dios que nos ama a todos incondicionalmente”. León XIV
1. Oración inicial
Señor, por el bautismo nos hiciste hijos tuyos; te rogamos que por tu Palabra seamos testigos de tu amor infinito. Te pedimos que siempre permanezca cerca nuestro el Espíritu Santo para así poder comprender qué es ser tu hijo tan amado. Amén.
Cantar: “Espíritu Santo, ven, ven”.
2. Lectura: ¿Qué dice el texto?
a) Introducción
Al escuchar este texto donde Mateo hace coincidir a Jesús con su pariente Juan el Bautista, vemos cómo Jesús le pide a Juan que lo bautice en el río Jordán. Al terminar el rito del bautismo, Dios se hace presente y declara a Jesús como su Hijo muy amado. En este momento se manifiesta la divinidad de Jesús. Abramos nuestros corazones para escuchar su Palabra.
b) Leer el texto
Mateo 3, 13-17. Hacemos una lectura pausada, atenta y reflexiva. Luego se lee una segunda vez.
c) Un momento de silencio orante
Damos un momento de silencio para dejar entrar en nosotros la Palabra de Dios. Terminar cantando: “Espíritu de Dios”.
d) ¿Qué dice el texto?
- Cada persona dice qué párrafo o palabra del texto el Espíritu dejó en su corazón.
- ¿Qué pensamos de esta declaración de paternidad de Dios?
- ¿Cuál es la reacción de Juan al ver que Jesús le pide ser bautizado por él?
- ¿Por qué Jesús le pide a Juan ser bautizado?
- ¿Qué forma ha tomado el Espíritu Santo para hacerse presente?
3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida?
(No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo.)
a) ¿Creemos que con nuestro bautismo Dios hace también esta declaración de ser nuestro Padre?
b) ¿Sentimos que somos hijas e hijos de Dios, llamados a ser reyes y reinas de esta tierra que Él nos heredó?
c) ¿Como cristianos bautizados estamos siendo testigos del amor de Dios?
d) ¿Protegemos la creación como herederos de esta tierra?
4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra?
Pongamos en oración todo lo que hemos sentido al leer y reflexionar sobre nuestras vidas. Hablemos con Dios creador y expresemos lo que llevamos en el corazón.
“Haznos asiduos escuchas de tu Palabra, Señor.”
5. Compromiso: Nos comprometemos con el Reino de Dios y su justicia
¿Qué podemos hacer esta semana para que haya más justicia?
Realicemos un compromiso sencillo y posible.
Llevamos una “palabra” (un versículo o una frase) para seguir meditando en nuestras casas.
6. Oración final
Señor, gracias por reconocernos como tus hijos e hijas. En el bautismo nos hiciste familia y herederos de esta tierra. Ayúdanos a cuidarnos y a cuidar tu creación para ser dignos hijos tuyos. Amén.
Padre Nuestro que estás en el cielo…
PARA PROFUNDIZAR EN MATEO 3, 13-17
1. Contexto
El por qué Jesús fue bautizado siempre ha sido de interés para los creyentes, ya que el bautismo de Juan era para arrepentimiento. Jesús no necesitaba perdón, pues Él es sin pecado. Las teorías señalan que: fue ejemplo para los creyentes, identificación con la humanidad, preparación para el ministerio, símbolo de redención y anuncio de su muerte, sepultura y resurrección (cf. Romanos 6,4; Colosenses 2,12). Cualquiera que haya sido la razón, fue un momento decisivo en la vida de Jesús.
2. La Trinidad presente
“Y he aquí, los cielos se abrieron, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma y venía sobre Él.”
En este pasaje aparecen las tres personas de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Aunque el término “Trinidad” no aparece en la Biblia, el concepto está plenamente contenido en ella.
3. La voz del Padre
“Este es mi Hijo amado en quien me he complacido.”
Esta voz del cielo confirma la identidad mesiánica de Jesús y une la figura del Rey davídico con el Siervo sufriente de Isaías. Para los judíos del siglo I, esta voz divina (bath kol) era signo claro de revelación.
4. También nosotros hemos sido bautizados
Así como Jesús se sintió verdaderamente Hijo amado del Padre, en nuestro bautismo Dios nos dice lo mismo: somos sus hijos e hijas, amados profundamente, y nos confía la construcción de su Reino. La invitación es a creer estas palabras, hacerlas vida y anunciar con obras la Buena Noticia.