Taller bíblico: “El río que transforma: del templo a la Vida.”
(Una lectura del Ezequiel 47.)
Disertante: Texia Anabalón
Fecha: 30 de septiembre de 2026
Oración
Comenzamos mencionando que hoy, 30 de septiembre es San Jerónimo, traductor de la Biblia. Unas mujeres le ayudan. Santa Marcela y Santa Paula (su hija), junto a otras aristócratas de Roma se dan a la tarea con él.
Estas mujeres han sido invisibilizadas a lo largo de la historia, y por eso hoy queremos hacer memoria también de ellas. Esta traducción fue la famosa “Vulgata”, que se conoció en toda la cristiandad europea, durante siglos.
Presentación de la disertante: Texia Anabalón Navarrete.
“Estoy agradecida por la invitación. Giselle sabe, me encanta estudiar la Biblia. Eso es mi pasión. Y bueno, cuando me dijeron estudio bíblico, yo le dije, "Muy bien, aquí estamos." Y bueno, siempre ha sido mi deseo y mi intención es llevar este estudio bíblico tan académico a veces a un área donde todos podamos entenderlo.”
Mi intención más que leer, es vivir. Vivir lo que este personaje de la escritura vivió también.
Titule este encuentro: ‘Un río que transforma. Un recorrido experiencial por Ezequiel 47, 1-12. ¿Has visto hijo de hombre?’
Comienza hablando del río en diálogo con la escritura bíblica: está presente en muchos textos:
- ¿Qué nos aparece en la mente con la palabra sequedad?
- Aridez, tierra infértil, sed, desierto, falta de vida, momentos difíciles, falta de humedad, polvo, etc
- La tierra de Israel es una tierra seca.
Vamos a ubicarnos: contexto. ANTES DEL RÍO, HUBO PÉRDIDA
597 a.C. Deportación vinculada al rey Joaquín: Siria toma Jerusalén y se los llevan esclavizados.
Ezequiel es un joven sacerdote que fue llevado a Babilonia. El Templo fue profanado. En este contexto, Ezequiel cautivo, se pregunta: “¿Qué hacer ahora?”
La respuesta es una visión: ve una bola de fuego que viene de Jerusalén. Es Dios que sale a buscar a su pueblo. Luego ve el hilo de agua saliendo del altar del templo. A medida que se aleja el caudal aumenta: primero un arroyo, después un río. Aparece alguien, un guia que acompaña a Ezequiel, miran el agua que se va acrecentando.
Ezequiel ya no hace pie en el río. No todo caminar es controlar: permanecer. Dar pasos de fe.
En Ez. 47, 6 esta persona saca a Ezequiel del agua, y le dice “¿has visto hijo de hombre?”
Este texto nos invita a caminar, a experimentar y a ver. A considerar el camino antes de la pregunta.
¿Qué puede significar “ver” después de haber recorrido el camino?
Antes de HACER: estar atentos.
Antes de preguntarle qué hará, el guía le pregunta “¿Has visto?”
- Es necesario aprender a mirar: aprender la mirada de Dios.
- ¿Hacía dónde va el agua? El río no se queda en el templo: sale, desciende, alcanza la tierra. La ribera se cubre de árboles que darán frutos cada más, cuyas hojas no se marchitarán. Donde llega el agua, llega la vida nueva.
- Ez. 47, 11: “pantanos y lagunas saneados” ¿Qué quiere decir?
- Si un versículo complica nuestra interpretación, no eliminamos el versículo, revisamos nuestra interpretación. El agua se da para todos, pero no todos la aceptan.
- Ez. 47, 12: Ezequiel no es la fuente del agua. El Templo es la fuente.
Discernir:
- Fuente: ¿De dónde procede?
- Dirección: ¿Hacia dónde conduce?
- Fruto: ¿Qué está produciendo?
¿Qué hemos ido aprendiendo? Volver a estar atentos.
- Caminar no por avanzar, sino por experenciar.
- Miremos la realidad: veamos lo que nos rodea.
¿Cómo puedo participar, desde el lugar que habito, en aquello que produce vida?
- Participar: no generar culpa ni tareas heroicas. Pensar nuestra realidad concreta, y actuar ahí.
- Participar desde el lugar que habitamos, en aquello que produce vida.
- Recorramos la orilla, pero atentos: mirar, observar.
Se hacen preguntas.
Agradecimientos a Texia: hermosa explicación e interpretación de este pasaje. Fácil de pensar en la vida cotidiana.
La palabra es para liberar, es el río que da vida por donde pasa. Estar atentos para ayudar a otros y otras a leer, a experienciar, a transformar y dar frutos de vida.
