Celebración de ls Semana bíblica en San José, Costa Rica


Durante la semana del 17 al 20 de setiembre del 2019 celebramos la Semana Bíblica con el expositor Fredy Cabrera, Cmf y la participación de aproximadamente 100 personas en 5 talleres bíblicos y el grupo de la Escuela de formación en el Centro bíblico claretiano “Para que tengan vida”, en San José de Costa Rica.
Soberanía de Dios – Soberanía del pueblo.
Ser soberano se puede entender como: Poseer un poder y una autoridad suprema de manera que se está en completo control y se puede hacer lo que se quiera. Sin embargo, el concepto que tenemos de él ha sido formado en un mundo donde no existe la libertad absoluta sino que está condicionada a múltiples factores dependientes de muchos otros y esa dependencia limita su libertad.
Dios es el Creador soberano del universo y su idea fue dar vida a seres con quienes compartir la vida en estrecha e íntima relación con la humanidad. Cuando Dios crea la humanidad, la crea “a su imagen” (Gén 1,26-27). Compartir la imagen de Dios da la posibilidad de relacionarse con Él a su mismo nivel, de comunicar y compartir la vida en un contexto de libertad y amor.
El Primer Testamento está lleno de imágenes y de lenguaje que comunican la soberanía de Dios y su relación con su pueblo como monarca supremo. También hay textos que comunican el amor que orienta el ejercicio de su soberanía. Un ejemplo de ello es el libro de Oseas.
En el Segundo Testamento el amor de Dios para con nosotros se ve en la entrega de su Hijo Jesucristo. Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados (1 Juan 4,9-10). En este acto de entrega podemos identificar algunos de los elementos esenciales del amor verdadero, el que caracteriza al Ser Supremo de amor. Primero, Dios toma la iniciativa. Esto es una parte esencial de la gracia. Sin merecerlo ni solicitarlo Dios toma la iniciativa para liberar la humanidad del pecado, de la separación y de la muerte. No es una relación de reciprocidad, sino de iniciativa de parte de Dios.
Otro ejemplo es la observación de cómo Jesús ejerce su autoridad y poder con los más cercanos, con los doce. Jesús siempre dispone de su autoridad a través del servicio y del amor.
El ejercicio de la soberanía de parte de Dios y el practicado por los reyes humanos se distinguen, precisamente, por la centralidad del amor de parte de Dios y del egoísmo de parte de los seres humanos.
El análisis crítico de las distintas formas de soberanía, y en particular la «soberanía popular» nos estimula a enmarcar, actos, hechos, acontecimientos y percepciones, donde podemos descubrir que su incidencia resultará observable en el diario vivir.
La búsqueda de la soberanía desde abajo, desde y con el pueblo, ha de centrarse en un cambio de valores, donde se ponga la solidaridad fraterna antes de la riqueza acumulada, y se camine hacia darle la vuelta a la situación actual, cambiándole realmente su rostro inhumano en rostro humano fraterno.
La invitación es a construir nuestra propia propuesta de soberanía y no seguir perpetuando el dominio y la apropiación de reducidas élites económicas y políticas.
Si el creyente individual y la Iglesia adoptan la imagen central de Dios como Ser Supremo de amor, transformarán la relación con Dios, con el prójimo y con la creación misma.
Mayela Carrillo V.

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