Aporte de ReBiClar al XXV Capítulo General de los Misioneros Claretianos


Aporte de REBICLAR al XXV Capítulo General de la Congregación “Testigos y mensajeros de la alegría del Evangelio”

Los miembros del equipo de la Red Bíblica Claretiana (REBICLAR) que depende de MICLA (MISIONEROS CLARETIANOS DE AMERICA), valoramos positivamente el itinerario misionero promovido por la Congregación a partir de la renovación posconciliar en la Iglesia; y al contemplar el camino recorrido por los Claretianos en estos cuarenta y ocho años, desde el Capítulo de 1967 hasta el presente, damos gracias a Dios porque el don de su Espíritu Santo nos continúa moldeando en la consecución de una auténtica mística misionera que nos moviliza y nos reclama siempre más.

Los integrantes de REBICLAR somos mujeres y hombres de la Palabra; laic@s y misioneros cmff animador@s de pequeñas comunidades de lectura popular de la Biblia diseminadas a lo largo y a lo ancho del Continente Americano y el Caribe, dinamizador@s de escuelas bíblicas y de iniciativas diversas que tienen como objetivo la animación bíblica de la pastoral.

XXV Capítulo General CMF

Hemos leído con atención la Circular del P. General convocando al XXV Capítulo de la Congregación como así también el Documento Precapitular y queremos hacer nuestro aporte a la asamblea de capitulares reunidos en Roma. Dada la centralidad de la Palabra de Dios en la espiritualidad y la misión claretiana, que es también el núcleo de nuestro trabajo, queremos puntualizar dos aspectos a tener en cuenta: la perspectiva hermenéutica desde la cual hacemos nuestros discernimientos, por una parte, y la misión compartida, por otra.

Desde nuestro Servicio a la Palabra postulamos una hermenéutica que recoja la invitación del Papa Francisco a ser una iglesia en éxodo; una iglesia en salida; una iglesia que va hacia l@s demás para entablar un encuentro y un diálogo misionero. En este sentido nos parece importante que la Congregación continúe avanzando en una hermenéutica hecha desde las periferias de los distintos colectivos de excluidos por distintas formas de violencia y marginación. La Congregación y tod@s nosotr@s que compartimos la vida y la misión en distintos lugares del mundo hemos de aventurarnos a romper los límites de nuestras propias fronteras y trascender en clave evangélica las múltiples fronteras humanas para avanzar en una auténtica conversión pastoral que haga posible el encuentro, el diálogo y el aprecio sincero que traiga justicia a quienes aún hoy se encuentran excluid@s de nuestras prácticas pastorales.

A esta altura de la vida y de la historia quizá no sea ya tan necesario abundar en documentos cuanto en la diagramación de estrategias que posibiliten una práctica eclesial de encuentro y de inclusión. Por otra parte, en diálogo de equipo nos resulta paradójica la expresión ir hacia los pobres cuando much@s de nosotr@s, claretian@s y laic@s, estamos en medio de gente pobre e incluso hemos salido de ambientes pobres o hemos emigrado en busca de nuevos horizontes. ¿En qué momento hemos perdido la conciencia de nuestras raíces, cuándo nos secuestraron nuestra identidad? ¿Dónde fuimos a parar como para tener que emprender un camino que nos devuelva evangélicamente a nuestro punto de partida? Creemos que este aspecto de la conciencia y el cuidado de las propias raíces es un aspecto importante a tener en cuenta los misioneros en sus procesos de formación inicial y continua. Vemos que va siendo ya tiempo de poner en práctica los múltiples discernimientos realizados que muchas veces no alcanzan a transformar nuestras acciones pastorales.

En segundo término estamos convencidos que la misión compartida es también una exigencia que brota de nuestra común vocación de bautizad@s. Si bien la Congregación ha avanzado positivamente en este sentido, creemos que aún nos falta bastante para continuar profundizando el camino andado porque existen espacios donde el trabajo compartido se transforma en un ámbito hostil donde priman los conflictos de interés y la lucha de poder. Es necesario valorar la comunidad laical y cuidar las distintas vocaciones en la iglesia para que nuestra misión tenga frutos duraderos y sea fecunda.

Las disputas de poder levantan fronteras, marginan y cierran las puertas que pretendemos abrir si de veras queremos ser una iglesia en éxodo. El cuidado que nos debemos es una exigencia epocal frente a los múltiples desamparos a los que estamos sometid@s por las vicisitudes de la vida tanto los claretianos como l@s laic@s y tenemos la obligación de cuidarnos para que nuestra acción no sea tan solo un grito en el desierto.

Entendemos también que la misión del claretiano HOY ha de ser una acción que posibilite el acceso de tod@s a las distintas instancias de participación y de formación. La necesaria conversión pastoral implica el pasaje de la tolerancia al aprecio genuino por l@s demás, el trabajo compartido, la apuesta por l@s jóvenes de nuestras comunidades y la valoración de las distintas vocaciones que se traduzca en una inversión económica significativa para la formación y cualificación de l@s agentes pastorales con quienes compartimos la misión.

Confiad@s en Dios que anima nuestra misión, deseamos que este XXV Capítulo General sea una bendición y nos anime en el testimonio de la alegría del Evangelio.

Cordialmente,
Equipo de REBICLAR
Giselle Zamora (Provincia de Centroamérica)
Elizabeth Gareca (Provincia de Peru- Bolivia)
Yolanda Cortés, (Provincia de EEUU-Canadá)
Juan Carlos Minvety (Delegación de Antillas)
Antonio Ferreira cmf (Provincia de Brazil)
Manuel Villalobos cmf (Provincia de EEUU-Canadá)
Carlos Verga cmf (Provincia San José del Sur)

Equipo Coordinador 2014-16

English

CONTRIBUTION OF THE COORDINATING TEAM OF THE CLARETIAN BIBLICAL  NETWORK (REBICLAR)
TO THE XXV GENERAL CHAPTER OF THE CLARETIAN MISSIONARIES

We, the team members of the Claretian Biblical Network (REBICLAR) dependent on MICLA (Claretian Missionaries of America), positively value the missionary itinerary promoted by the Congregation from the post-conciliar renewal in the Church; and as we contemplate the path taken by the Claretian in these forty-eight years since the Chapter of 1967 to the present, we thank God for the gift of the Holy Spirit continues to shape us in achieving an authentic missionary mystique that guides us and claims us for more.

We, REBICLAR members are women and men of the Word; lay people and CMF missionaries, animators of small communities of popular reading of the Bible scattered the length and breadth of the Americas and the Caribbean, dynamic Bible schools and various initiatives which aim the biblical pastoral animation .

We have carefully read Fr`s General Circular Letter, announcing the XXV Chapter of the Congregation as well as the Previous Document and want to make our contribution to the Chapter Assembly gathered in Rome. Given the centrality of the Word of God in Claretian spirituality and mission, which is also the nucleous of our work, we want to point out two aspects to consider: the hermeneutic perspective from which we make our insights on one hand, and the shared mission, on the other.

In our service to the Word we postulate a hermeneutic that collects the invitation of Pope Francis to be a church in Exodus; a church in output; a church that goes to everybody to engage in a missionary encounter and dialogue. In this sense, it seems important that the Congregation would continue advancing in hermeneutics done from the peripheries of the different excluded groups through various forms of violence and marginalization. The Congregation and all of us who share life and mission in different parts of the world have to venture to break the boundaries of our own borders and go beyond, in an evangelical key, the multiple human boundaries to advance in a genuine pastoral conversion to make the encounter, dialogue and sincere appreciation possible to bring justice to those who still today are the excluded of our pastoral practices.

At this point in the life and history it is not so necessary to elaborate documents regarding the layout of strategies that enable an ecclesial practice of meeting and inclusion. Moreover, in our team dialogue it sounds paradoxical when we say that” we go to the poor”when many of us, claretians and lay people, are in the midst of poor people and have even come from poor backgrounds or have emigrated searching new horizons. At which moment have we lost awareness of our roots; when have they kidnapped our identity? Where have we ended to have to take a path that would have brought us evangelically to our starting point? We believe this aspect of consciousness and care for one’s own roots is important to consider in the missionaries in their processes of initial and on-going formation. We see that it is the moment to implement the many insights made that often are not enough to transform our pastoral actions.

Secondly we believe that shared mission is also a requirement that flows from our common baptismal vocation. Although the Congregation has positively advanced in this issue, we believe that we still have to continue to deepen the path taken because there are spaces where shared work is transformed into a hostile environment where self- interests and power struggle are the chief matters. It is necessary to give value to the lay community and to take care for the different vocations in the church so that our mission would have lasting and fruitful fruits.

Power disputes raise borders, marginalize and close the doors which we intend to open if we really want to be a Church in Exodus. The care we owe each other is an epochal claim in front of the multiple distresses to which we are submitted by the vicissitudes of life, both Claretian and lay people, have the obligation to take care of themselves so that our actions are not only a cry in the desert.

We also understand that the TODAY`S Claretian Mission must be an action that enables the access of everyone to the different levels of participation and training. The necessary pastoral conversion involves the passage of tolerance to the genuine appreciation for others, shared work, commitment to youth in our communities and the valuing of the different vocations which results into a significant economic investment for the training and qualification of pastoral agents with whom we share the mission.

Trusting in God that animates our mission, we want this XXV General Chapter to be a blessing and would encourage us as witnesses of the joy of the gospel.

Sincerely,
Giselle Zamora, Central America Province.
Elizabeth Gareca, Peru- Bolivia Province.
Yolanda Cortés, USA Province.
Juan Carlos Minvety, Antillas Delegation.
Antonio Ferreira cmf. , Brazil Province.
Manuel Villalobos cmf., USA-Canadá Province.
Carlos Verga cmf., San José del Sur Province.